La culpa es de la palabra miedo.
Sinceramente no tengo idea sobre
cómo, cuándo, dónde, por qué o para qué se instaló la campaña de desprestigio al
miedo y si bien no es mi intención investigarlo aquí, señalaría algunas
cuestiones claves en esto.
* Comenzaría
preguntándole al diccionario de la Real Academia española, porqué omite su
función adaptativa:
miedo. (Del lat. metus).
1. m. Perturbación angustiosa del
ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que
alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.
Si bien son ciertas ambas definiciones, nada
nos dicen que esta perturbación o aprensión, puede también hacer que alguien
salve su vida.
* Luego, apoyándome
en el aspecto cuantitativo de las emociones, me pregunto por qué el poder del
lenguaje
1 no cuestionó al
lenguaje coloquial cuando sintetizó intensidades e incluso conceptos diferentes
en la palabra “miedo”:
Es así como frecuentemente decimos “miedo”, en lugar de susto,
temor, terror, pavor, pavura, pánico, espanto, horror, alarma, ansiedad,
angustia o fobia.
Vale decir que, ciertamente, en algunos casos
no resulta sencillo diferenciarlos; sin embargo en otros tantos, no deja de
“asustarme” el modo perverso en que se sustituye una palabra por otra.
* Finalmente le
preguntaría al lenguaje del poder
1 sino evalúa el daño que causa al
imponernos frases marketineras – ideales para facturar vendiendo cursos de
bienestar personal o libros de autoayuda- pero nefastas a la hora de contribuir
al bienestar emocional.
Titulares del tipo “Basta de Miedos” ; “Vivir sin miedo”;
“Leyes para vivir sin miedo” , “Criar sin miedo”, “Vivir sin miedo”, “Vencer el
miedo”, etc., etc.; hacen que quien no profundice el tema se instale en la
creencia de que el miedo es algo nocivo que debemos erradicar de nuestra vida.
En relación a esto, es válido aclarar que
muchas veces los textos o cursos mencionados, desarrollan muy bien el tema; sin
embargo pocos llegan a conocerlos en profundidad y toman como verdad revelada
que el miedo es el enemigo a vencer.
A no asustarse del miedo.
Si bien hace tiempo les compartí el
aporte de integrar las mal llamadas emociones negativas -en todo entrenamiento
socioemocional2 ; recién este año, a
partir de un proceso personal, estoy a la altura de profundizar ese concepto.
Y les aseguro no me resulta sencillo hacerlo.
Mi mirada - a contra mano de la demonización de algunas emociones llamadas
“tóxicas” en un par bestsellers- requiere el esfuerzo de superar la creencia
infantil que decodifica con la lógica todo/nada, puedo/no puedo, hago/no hago y
emociones buenas o malas que limitan la posibilidad de una vida más libre.
Para quienes nunca leyeron nada sobre el
universo emocional, les pido sugiero que antes de seguir lean algo al
respecto
3.
Entonces comprenderán porque si los expertos afirman que la función de toda
emoción es la adaptación de nuestro organismo a lo que nos rodea; resulta
imposible pretender eliminar una emoción.
Al analizar las emociones, simplemente hablamos
de emociones POSITIVAS cuando nos producen bienestar, y de emociones NEGATIVAS
cuando nos producen malestar; considerando que el problema no es la emoción sino
su desajuste:
*
Cualitativo: que analiza la adecuación de la emoción frente a
la realidad. Resulta esperable que alguien esté triste frente a la pérdida real
de un ser querido.)
*
Cuantitativo: que considera la intensidad: la ira es menos
intensa que la furia, y el enojo es aún menos intenso que la ira. Es sano
enojarnos cuando alguien intenta dañarnos y eso nada tiene que ver con un ataque
de ira “un día de furia”.
El miedo tampoco escapa a esta lógica. Es un
sentimiento natural de alarma entre los seres humanos que permite avisarnos de
algún peligro, y en ese sentido el su función es adaptativa, en tanto nos
permite protegernos de personas, hechos o circunstancias amenazantes.
Nos acompaña desde el nacimiento. Funciona como una alerta
positiva frente a una situación (real o imaginaria) que pueden ponernos en
riesgo y nos posibilita encontrar las respuestas apropiadas frente a ellas para
preservarnos y preservar la especie.
Jon Berastegi nos dice que, el miedo es la
emoción que se activa cuando existe alguna amenaza o algún peligro hacia el
propio bienestar. A raíz de esa activación, nuestro cuerpo experimenta un cambio
fisiológico, que puede llegar incluso hasta la retirada de la sangre del rostro
(lo que explica la palidez y la sensación de “quedarse frío”) ya que la misma
fluye hacia las piernas y los brazos preparando así a nuestro cuerpo para una
posible huída o afrontamiento. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse,
aunque sólo sea un instante, para calibrar, tal vez, si el hecho de ocultarse
pudiera ser la respuesta más adecuada
4.
En palabras de Andrés Canales, les diré que el
miedo en sí, se define como una respuesta biológica, adaptativa del sistema
nervioso y de tipo evolutiva, porque a lo largo de la evolución de los
mamíferos, los miedos han tenido, fundamentalmente, la función de prevenirnos
frente a sucesos que nos pueden dañar o herir
5.
Tanto en personas como en animales, el
mecanismo que desata el miedo se encuentra en el cerebro; concretamente en el
sistema límbico, el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la
evitación del dolor, y en general de todas las funciones de conservación del
individuo y de la especie. De aquí que el aporte realizado en los últimos años
por las neurociencias, nos permiten conocer como nunca antes la neurofisiología
del miedo, clave al momento de intervenir en cualquier patología asociada con
él: cuando la amígdala se activa se desencadena la sensación de miedo y
ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea o la
rendición.
Recientemente se ha encontrado que la sensación de miedo está
mediada por la actuación de la hormona vasopresina en la amígdala cerebral y que
la del afecto lo está a la de la hormona oxitocina también en la
amigdala
6.
La otra cara del miedo
Decir que el miedo tiene una función
adaptativa, no implica desconocer que puede volverse patológico, limitarnos e
incluso dañarnos física o psiquícamente.
Por eso, al referenciarlo, resulta clave
diferenciar al igual que en toda emoción, su nivel de adecuación en lo
cualitativo, por ej. por su irracionalidad; o en lo cuantitativo por su exceso o
defecto pueden dar cuenta de patologías severas.
En ese sentido, obviamente comparto la
existencia de un aspecto muy nocivo que debemos analizar, educar o sanar si
fuese necesario; y que se trata de una cara de la moneda:
el miedo puede volverse patológico y de eso ya mucho se ha
escrito y espero se siga haciendo por la importancia en la vida de millones de
personas.
La otra cara, es la que elegí presentarles, y
de la cual puedo dar cuenta:
* sea por una
vivencia personal, que evolucionó del desconocimiento, la desacreditación a la
conexión con el miedo al miedo.
* sea por lo la experiencia mi trabajo
con otros en los entrenamientos socio-emocionales
El miedo es positivo en tanto, como toda
emoción, nos posibilita conocernos, tolerar la frustración, mejorar nuestro
vínculos interpersonales y, como consecuencia de esto desarrollar, fortalecer y
entrenar habilidades propias de la inteligencia emocional.
¿Es posible darle gracias al miedo?
Al formularme esta pregunta, recordé el
dicho popular “el miedo no es zonzo”, el cual creo encierra algo de verdad.
Y si así fuera, valdría preguntarnos qué puede
aportarnos ese aparente saber del miedo:
En principio y sin ahondar demasiado, podría decirles que el
miedo puede mostrarnos una debilidad personal, la cual nos obliga a tomar
distancia, huir, abandonar, obedecer, someternos etc.
Otro refrán popular también dice que “el que se
quemó con leche, ve una vaca y llora”.
Y entonces, sea ese miedo real o imaginario, adecuado o no en
su intensidad; siempre se basa en una creencia previa que deberemos
cuestionar
Por lo tanto, y lejos de toda lógica que
propone matar al mensajero, debemos interrogarlo, concientes de que él tiene
algo que enseñarnos sobre nuestras actuales debilidades y sobre las creencias
que las determinan.
Dime tus creencias y predeciré tu futuro,
es
la frase que elijo al hablar del poder de una creencia
7.
Entonces, más allá de la situación puntual que
el miedo plantee; nos ofrece una gran oportunidad para promover nuevos cambios.
Es obvio que no le aconsejaría a alguien
buscarlo deliberadamente, como tampoco lo haría con la frustración, el dolor o
la tristeza.
Mi propuesta, simplmente apunta a hacer algo positivo cuando
ellos nos encuentren. Y, para serles sincera, no conozco a nadie que los haya
esquivado de por vida.
Tengan en cuenta que lo negativo con un
sentimiento displacentero, radica en identificarnos con la emoción predominante
que lo produjo y sumergirnos en ella:
El sentimiento en sí, en tanto adecuado no es
negativo;
y el displacer tampocolo es; incluso ese momento puede ser una
importante fuente de motivación para superamos.
Cuando somos capaces de observar y observarnos
en esos momentos, se nos posibilita una experiencia de aprendizaje de un valor
incalculable. Para ayudarlos a visualizar esto, les propongo recordar la última
experiencia de miedo y detenerse en estos puntos:
• el modo particular en que fisiológicamente
respondemos: sentimos un nudo en la garganta, tartamudeamos, nos duele
la panza, temblamos, se nos entrecorta la voz, palidecemos, etc.
• las ideas que se nos imponen en ese momento:
me van a lastimar, van a lastimar a alguien que quiero, voy a hacer el
ridículo, me voy a enfermar, me voy a morir, me van a dejar de querer, etc.
• las creencias subyacentes: soy una inútil,
soy muy débil, no puedo con los otros, nada me sale bien, tengo mala suerte, es
mi destino, me lo merezco, no me merezco todo esto
• lo que percibimos : vemos más claro que
habitualmente o todo se nos hace más confuso, retenemos la imagen de esos
momentos, escuchamos, olemos algo en particular.
• lo que otros perciben de nosotros : sabeos
como nos ven los otros en esos momentos, se dan cuenta de lo que nos sucede,
concuerda lo que ellos ven de lo que nosotros vemos
• el modo en que actuamos: qué hacemos;
escapamos, nos enojamos, nos entristecemos, fingimos, gritamos, hacemos
silencio, lloramos, pedimos ayuda, aceptamos ayuda, etc.
Aprender lo diferencial de nuestras emociones,
es el primer paso para desarrollar habilidades socio-emocionales,
pues
todas las emociones promueven un impulso creador;
y definitivamente el miedo
no es la excepción.
Así como para el imaginario popular la
alegría se canta y baila, el enojo nos hace más competitivos, el buen poeta es
un alma triste, los científicos evitan las sorpresas, y los religiosos alientan
un esperanza; será necesario que vos mismos comprendas que te posibilita el
miedo, que aunque más no sea, te aseguro agudiza tu percepción.
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La clave en toda experiencia de displacer,
radica canalizar en modo positivo la energía que ella promueve y convertirla en
fuente de motivación de la superación personal.